jueves, 15 de febrero de 2007

Carta para Laura


Este blog es la respuesta a un comentario que recibí de una visitante, Orce la atlante, y he decidido escribirlo como una entrada nueva debido a su profundidad y amplitud. El comentario lo hizo sobre la entrada del 12 de Febrero, titulado ¿Necesitamos el amor?.


Querida Orce, la atlante:


No sabes niña, ¡Qué gusta me da de recibirte!. Me alegra que hagas tu reflexión sobre el amor y que expongas abiertamente tu desacuerdo. Agradezco tu sinceridad y paso a contestarte.

Es cierto que el amor incondicional es el más generoso y altruista. Amar en todo el sentido del verbo, a persona, animal u objeto, nos llena y estimula. Amar a familiares, amigos, mascotas, libros etc.


Pero en mi último post yo me refería explícitamente al amor romántico correspondido. Es verdad que uno puede amar sin que la otra persona nos corresponda, y es algo espantoso, como citaba el libro: “Viento del Este, Viento del Oeste”:


“¡El amor es una cosa terrible si su vena no se derrama, pura y libre, de corazón a corazón!” Pearl S. Back

Es cierto que se puede comparar a una enfermedad destructiva (cáncer) sobre todo cuando uno se obsesiona irremediablemente con ese amor imposible.


Elsa, el personaje de la novela “El silencio de las sirenas” había escrito a su amado: “Mi mayor deseo es habitar tu soledad, tus noches, tus sueños, tus ensueños, de la misma manera que tú me habitas a mí desde hace tanto tiempo. No puedo olvidarte ya, ni de día ni de noche. Y no puedo comprender que a ti no te esté sucediendo lo mismo. Me espanta la casualidad para nada, lo arbitrario, lo ciego, como esas palabras huecas que consiguen articular algunos pájaros. La noche es inmensa. Estoy sola y todo es posible bajo esta oscuridad sin tiempo”.


La protagonista de la novela, había perdido el control de sus sentimientos y con ello agrandó la gravedad de la situación.


No dejemos que eso nos ocurra. ¿Quién no ha sufrido desamores antes de encontrar el verdadero amor, la auténtica “media naranja”?. Con el paso del tiempo, cuando echamos la vista atrás nos damos cuenta de que tal vez nuestra obsesión romántica la habíamos idealizado o mitificado en demasía.


Dejemos caer la lluvia, dejemos correr el tiempo, ocupándolo de manera inteligente y sin duda llegará el día en que alguien nos diga:


“Chiquilla:

¿Sabes una cosa?. He llegado a saber, después de muchas vueltas, que tienes los ojos azucarados. Ayer nada menos soñé que te besaba los ojos, arribita de las pestañas y resultó que la boca me supo a azúcar; ni más ni menos, a esa azúcar que comemos robándonosla de la cocina, a escondidas de la mamá, cuando somos niños”.

Juan Rulfo


Adiós querida niña, siempre que quieras venir a visitarme te esperaré con una taza de té o café humeante, y flores frescas recién cortadas para ti, junto con un par de zapatos nuevos estilo Sara Jessica Parker. De momento te regalo este cuadro mío inspirado en uno de Pierre Bernard. Besos


Reservas de Vuelos Baratos

1 comentario:

Laura dijo...

Hola Sybila!
Gracias por dedicarme nada menos que una nueva entrada.
Aprecio mucho tus palabras, y las asumo, y las aprendo. Quizá no hoy, ni mañana, pero algún día te diré que me pasó punto por punto lo que me describes en tu post.
Porque no eres la primera persona que me lo dice. Creo firmemente que todo esto pasará, igual que los momentos felices son efímeros, las penas no duran siempre. Pero las recordamos porque dejan cicatrices que pican cuando va a cambiar el tiempo.Quizá sea eso, Sybila, que se avecina un gran cambio en mi vida y por primera vez, tengo miedo a separarme de mi rutina, aunque ésta me haya hecho sufrir.
Lo que sí te agradeceré, infinitamente, porque me ha encantado, es la cita de Juan Rulfo.
Aquí te dejo otra, de Juan Ramón Jiménez. Más bien, te dejo el poema completo, haz buen uso de él...

"La primavera te pone siempre más roja la boca.
¿Es que besas más, o es que las rosas te arrebozan?
Yo no sé si es mal de besos o es dolencia de rosas.
¿y te gustan más los labios o las rosas? ¡Qué me importa!
La rosa me sabe a beso; el beso, a beso y a rosa.
Entonces le puse un beso en la rosa de su boca...
La tarde de abril moría rosamente melancólica. Las fuentes iban al cielo con su plata temblorosa"
Orce, la atlante (próximamente conocida como la mujer de los ojos azucarados).
Gracias por alegrarme el día, Sybila.