lunes, 19 de marzo de 2007

El castaño de Anna Frank

Ese bello árbol, se está muriendo, el viejo castaño que veía la joven judía a través de la ventana del apartamento donde estaba recluida, escondida de la persecución nazi, está enfermo, una plaga ha minado sus raíces y tronco, por ello, las autoridades han decidido talarlo antes de que se desplome y acarree algún desastre.


Para que siga quedando constancia en la memoria de quien quiera recordarlo, una actriz, Emma Thomson, ha inaugurado una página web con el castaño virtual vestido de follaje, o desvestido según la época del año en que estemos viviendo.


Al escuchar esa noticia, enseguida recordé un libro que cayó en mis manos hace ya varios años, su título, Los Bibelforscher y el nazismo (1933-1945) de los autores Sylvie Graffard – Léo Tristan. En él se narra todo el horror de los campos de concentración nazis, donde murieron miles de personas de una manera brutal, irracional e inhumana. Entre ellos la joven Anna Frank, su único delito: su raza, el haber nacido en el seno de una familia judía.


Sí, judios, polacos, homosexuales y los que según ellos pertenecían a una “secta pacifista” o “estudiantes de La Biblia” (No eran católicos) todos ellos fueron el objeto del odio y la brutalidad nazi.


En el caso de los Bibelforscher, la mayoría eran alemanes y no estaban detenidos por razones de etnia ya que eran “arios”, si no por ser fieles y leales a sus convicciones religiosas, por su negativa a posicionarse a favor del cruel régimen nazi.


El propio Tribunal de Nüremberg, tuvo que reconocer en sus cargos de acusación principales, los crímenes contra la humanidad simplemente por “motivos religiosos”. Hubieron sólo en Alemania más de 10.000 detenciones y de cuatro a cinco mil personas perdieron la vida a manos de sus verdugos, sin embargo no se entiende el silencio que le concede la Historia.


Púrpura, ese era el color del triángulo de los Bibelforscher, los internos cuyas convicciones religiosas los habían llevado a hacer frente al régimen nazi. Porque ellos, aún a sabiendas de tener que arrostrar la vejación, la tortura, el maltrato y hasta en ocasiones sufrir la propia muerte, optaron por elegir su libertad.


“La mayor libertad de l hombre:

elegir su conducta frente a las

circunstancias”

Brunno Bettelheim


¡Cuánto valor, entereza y convicción moral demostraron! Este grupito de cristianos leales, podían haber salido de ese infierno y evitar así los campos de concentración ya que siempre tenían a su disposición una “renuncia a la maldita secta de los Bibelforscher”. Sin embargo ellos habían resuelto no traicionarse a sí mismos ni a su fe.


Habían asumido como suyas las palabras:


“La vida suave no contemplamos ya

ni al mundo y a sus amos buscamos agradar.

Sin mancha permaneceremos.

En integridad marcharemos”.

Erich Frost


Todo genocidio es una barbarie y no importa la raza, el país, o el tiempo en la historia en que suceda.








Desde este pequeño rincón quisiera hacer un homenaje a todos los que murieron o sufrieron injustamente de una manera atroz, a todos los olvidados de la historia.


“Pon tus banderas a

media asta,

para hoy y para siempre.

Recuerdo

a media asta

para hoy y para

siempre”.

Paul Celan

13 comentarios:

Orce, la atlante dijo...

Hola Sibyla!
El tema de la IIGM y los campos de exterminió siempre me horrorizó, pero a la vez me atrajo. Desde bien pequeña en el colegio te hablan del valor que tuvo una niña llamada Ana Frank.
Andando en el tiempo, tuve la oportunidad de conocer personalmente a una señora que de pequeña estuvo en varios campos de concentración. Vino a España a contar su experiencia, y yo fui la encargada de cuidarla por unos cuantos días. Me contó mil historias, pero nada me caló más hondo que la viveza de su mirada.
Ella sólo tenía 9 años cuando la internaron, y 11 cuando fue una integrante más de la marcha de la muerte. Debido a la falta de alimento, sus órganos vitales habían envejecido prematuramente.
Pero su dinamismo a pesar de su debilidad física conquistó a todo el que la conocía.
Su canción favorita era una que hablaba de dar las gracias, y siempre sonreía.
Ahora que soy más grande, me siento aún más afortunada de haberla conocido.
Éste es mi pequeño homenaje.
Un abrazo.

Peggy dijo...

me llevo tu link . buen blog:)

Sibyla dijo...

Hola Peggy!!

Es un honor formar parte de tu blogroll. Un saludo.

Sibyla dijo...

Hola Orce:

Es un gran privilegio conocer personalmente a sobrevivientes del holocausto. ¡Es tanto lo que nos pueden transmitir y tanto lo que podemos aprender! A mirar la vida desde otro prisma, a valorar las cosas desde su verdadera dimensión. Un abrazo.

calma dijo...

Me has puesto el vello de punta.
Barbaridades así no se nos tienen que olvidar nunca, gracias por mostrarnos esta otra parte de la historia. Gracias también por tus palabras en mi blog, con las cuales estoy totalmente de acuerdo.
Abrazos

Sibyla dijo...

Hola Calma!!:

Desde niña siempre estuve concienciada con el genocidio nazi, por eso quise dejar constancia de ello en mi blog. Abrazos.

churra dijo...

Un placer pasar por aqui.
Visitare ese castaño de Anna Frank un libro , su diario que lei hace muchisimo y que me impacto bastante .
Me uno a tu homenage a los que supieron ser fieles a una idea.
Besos.Volvere.

Javier Luján dijo...

Pienso que luchar contra el nazismo hubo mucha gente que lo hizo, de todas las religiones y no religiones, era una cuestión de solidaridad y de fraternidad entre seres humanos.
Un beso, sibyla.

Javier Luján dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sibyla dijo...

Hola Churra!!:
Ser fieles a una idea, o a una convicción es lo que nos da identidad propia. El ser honrado con nosotros mismos fortalece nuestra autoestima. Besos.

Sibyla dijo...

Hola Javier!!:
No pretendo hacer distinción sobre quién luchó más o mejor, personas religiosas o no religiosas. El motivo de mi post era hacer una denuncia sobre ese tenebroso período de la historia, que jamás tenía que haber existido. Un saludo.

Anónimo dijo...

Hola! Soy Daniel. Me ha gustado mucho tu comentario que incluye un honrado reconocimiento al valor y endereza de miles de victimas que por ser fieles a su fe y creencias (que incluyen el no tomarlas armas) fueron objeto de una persecución cruel y atroz, que facilmente podía ser evitada firmando un breve documento que significaría renunciar a su lealtad. Yo formo parte de esta confesión religiosa que mantienen en alta estima sus valores y principios,y he tenido el privilegio de conocer a varios supervivientes de campos de concentración nazis,los cuales a pesar del sufrimiento recibido inspiran una profunda paz y serenidad.Gracias por tu interés y palabras animadoras en una sociedad cada vez más necesitada de valores y principios pacíficos.

Carlos Paredes Leví dijo...

Un post muy interesante.
Todo régimen totalitario se ceba en aquello que rompa su idea de uniformidad y sumisión. Por esto, toda forma dictatorial se vuelve, antes o después, antisemita.
Un saludo.