sábado, 23 de febrero de 2008

Una historia compartida


"Yo esperaba el autobús nocturno en un bar de carretera entre Madrid y Barcelona. Unos pocos hombres bebían vino en vasos pequeños y sucios. Había una mesa de billar y por alguna razón me puse a jugar... Un hombre vestido con un fino jersey de lana apareció de ninguna parte y me invitó a un café. No hablaba inglés. Y su español no era mejor que el mío, pero tenía una sonrisa que daba confianza y la urgencia de alguien que necesita compañía. En aquel bar me contó que era de Senegal, y que recorría España en busca de trabajos estacionales. Me enseñó una fotografía gastada que llevaba en su cartera: una chica joven de mejillas redondas. Su mujer, me dijo. Tuvo que dejarla en Senegal para venir a España. Planeaba reunirse con ella en cuanto ahorrase el dinero.

Al final viajamos juntos a Bercelona. Ninguno de los dos hablaba mucho. Poco antes del amanecer nos apeamos en una vetusta estación de autobuses y mi amigo me hizo señas para que le siguiera hasta una palmera pequeña, de tronco grueso, que crecía junto a la carretera. De su mochila sacó un cepillo de dientes, un peine y una botella de agua que me entregó con gran ceremonia. Nos aseamos juntos, entumecidos por el relente.

¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo. Sólo era otro hombre hambriento lejos de su hogar, uno de los muchos hijos de las colonias colándose entre las barricadas de sus antiguos amos, organizando su propia y azarosa invasión de harapos. Y sin embargo, mientras caminábamos hacia las Ramblas, mi impresión era que lo conocía de toda la vida; como si ambos hiciésemos el mismo viaje aunque hubiésemos partido de lugares opuestos del planeta. Nos despedimos. Yo estuve mucho tiempo parado en la calle, viendo cómo se alejaba su figura delgada y patizamba. Una parte de mí deseaba acompañarle a una vida de caminos abiertos y mañanas azules; otra parte de mí se percataba de que ese deseo era una idea romántica y parcial. Hasta que me di cuenta de que aquel hombre de Senegal me había invitado a un café y ofrecido su agua, y eso era real, y quizá eso era todo lo que cualquiera de nosotros tenía derecho a esperar: un encuentro al azar, una historia compartida, un pequeño acto de bondad."

Estracto de "Dreams from my Father"
(Sueños de mi padre)
de Barack Obama

"Mi nombre, Barack, es africano y significa "bendecido". Me lo pusieron porque en América no importa como te llames o de qué familia vengas, tú te forjas tu destino.
Toda mi vida tuve una imagen perfecta de mi padre. El estudiante brillante, el amigo generoso. Eso se hizo añicos, reemplazada por la de un bebedor amargado y un marido maltratador. Pero me rehice y pensé: bueno, haga lo que haga con mi vida, no puedo hacerlo mucho peor que él".


sábado, 16 de febrero de 2008

Quiero...



"Quiero estar junto a la persona que amo
No quiero saber el precio que habré de pagar
No quiero saber si será bueno o malo
para mi vida.
No quiero saber si esa persona me quiere
o no.
Lo único que necesito, lo único que deseo
es estar cerca de la persona que amo."

sábado, 9 de febrero de 2008

La confianza


Hoy día la confianza parece ser un valor a la baja; personas confiables son difíciles de encontrar, por ello, el ser confiado parece ser sinónimo de iluso o crédulo.

La opinión de los expertos,no coincide con esa forma dudosa de ver la confianza. Me gustó leer los pensamientos sobre ese tema de la eminente y prestigiosa psicóloga, Pilar Varela.

"Si existe una red invisible que sustenta una gran parte de las relaciones humanas, esa es la confianza. Los seres humanos se han fiado unos de otros. Mucho antes de que aparecieran las tarjetas de crédito y los pagarés, un apretón de manos significaba un acto de fe recíproca y rubricaba un acuerdo, sin más aval que la confianza. A veces, la confianza es la más sólida de todas las leyes, hasta de las amorosas. No es fácil de explicar, pero es una honda sensación, un crédito vinculante, un convencimiento.

Dicen los estudiosos del amor que la estabilidad de la pareja requiere cariño, pasión y compromiso; en realidad compromiso es fundamentalmente confianza; confianza en la lealtad del otro y confianza en la entrega de uno mismo. Cuando esa sensación se resiente, el amor se torna doloroso y se resquebraja. Lo mismo pasa con la amistad, donde, aunque no existe compromisos escritos, cuando la confianza desaparece, también desaparece la amistad, y seguramente de modo fulminante.

La confianza se proyecta y se recibe. Hay personas que son dignas de confianza y otras que son fr
audulentas. Pero la confianza es también un modo de entender las cosas, una actitud ante la vida: hay personas confiadas, mientras que otras son suspicaces. Para estos últimos su lema es: "desconfía y acertarás" . El desconfiado no está en paz, casi nunca, porque en su trastienda emocional, siempre existe la sospecha, y seguramente las maldades que atribuye al otro son precisamente las que él posee.

No todo el mundo es bueno, pero mucha gente sí lo es. Merece la pena pensar así; confiar; vivir confiadamente"



Simplemente, GRACIAS!!

Para ser sincera, en un principio, cuando recibí los premios, no pensaba hacerme eco de ellos, pero después recordé la frase: "Es de bien nacido ser agradecido", y por ello quiero agradecer las muestras de cariño a través de los premios que he recibido de parte de varios amig@s de la red y quiero dejar constancia aquí de mi agradecimiento.


Premio A
rte y pico


Gracias a Sandra Garrido y a Pakouss

Premio Blog del día



Gracias a Calaix de Sastre a Atentamente Pedro y a Sourín


Premio "SKYNET"

domingo, 3 de febrero de 2008

La infancia



"La columna vertebral de toda existencia es la infancia. Allí se gestan todos los elementos del resto de tu vida.
Es aterrador revisarla, o aceptar que ella vuelve a tí el día más inesperado.

Lo hace, tenlo por seguro, vuelve, te enfrenta, te machaca. Y se va para volver otra vez".

Juan José Millás