El castaño de Anna Frank
Con motivo del aniversario del holocausto judío celebrado el 30 de Abril, he visto oportuno reponer este post:
Ese bello árbol, se está muriendo, el viejo castaño que veía la joven judía a través de la ventana del apartamento donde estaba recluida, escondida de la persecución nazi, está enfermo, una plaga ha minado sus raíces y tronco, por ello, las autoridades han decidido talarlo antes de que se desplome y acarree algún desastre.
Para que siga quedando constancia en la memoria de quien quiera recordarlo, una actriz, Emma Thomson, ha inaugurado una página web con el castaño virtual vestido de follaje, o desvestido según la época del año en que estemos viviendo.
Al escuchar esa noticia, enseguida recordé un libro que cayó en mis manos hace ya varios años, su título, Los Bibelforscher y el nazismo (1933-1945) de los autores Sylvie Graffard – Léo Tristan. En él se narra todo el horror de los campos de concentración nazis, donde murieron miles de personas de una manera brutal, irracional e inhumana. Entre ellos la joven Anna Frank, su único delito: su raza, el haber nacido en el seno de una familia judía.
Sí, judios, polacos, homosexuales y los que según ellos pertenecían a una “secta pacifista” o “estudiantes de La Biblia” (No eran católicos) todos ellos fueron el objeto del odio y la brutalidad nazi.
En el caso de los Bibelforscher, la mayoría eran alemanes y no estaban detenidos por razones de etnia ya que eran “arios”, si no por ser fieles y leales a sus convicciones religiosas, por su negativa a posicionarse a favor del cruel régimen nazi.
El propio Tribunal de Nüremberg, tuvo que reconocer en sus cargos de acusación principales, los crímenes contra la humanidad simplemente por “motivos religiosos”. Hubieron sólo en Alemania más de 10.000 detenciones y de cuatro a cinco mil personas perdieron la vida a manos de sus verdugos, sin embargo no se entiende el silencio que le concede la Historia.
Púrpura, ese era el color del triángulo de los Bibelforscher, los internos cuyas convicciones religiosas los habían llevado a hacer frente al régimen nazi. Porque ellos, aún a sabiendas de tener que arrostrar la vejación, la tortura, el maltrato y hasta en ocasiones sufrir la propia muerte, optaron por elegir su libertad.
“La mayor libertad de l hombre:
elegir su conducta frente a las
circunstancias”
Brunno Bettelheim
¡Cuánto valor, entereza y convicción moral demostraron! Este grupito de cristianos leales, podían haber salido de ese infierno y evitar así los campos de concentración ya que siempre tenían a su disposición una “renuncia a la maldita secta de los Bibelforscher”. Sin embargo ellos habían resuelto no traicionarse a sí mismos ni a su fe.
Habían asumido como suyas las palabras:
“La vida suave no contemplamos ya
ni al mundo y a sus amos buscamos agradar.
Sin mancha permaneceremos.
En integridad marcharemos”.
Erich Frost
Todo genocidio es una barbarie y no importa la raza, el país, o el tiempo en la historia en que suceda.

Desde este pequeño rincón quisiera hacer un homenaje a todos los que murieron o sufrieron injustamente de una manera atroz, a todos los olvidados de la historia.
“Pon tus banderas a
media asta,
para hoy y para siempre.
Recuerdo
a media asta
para hoy y para
siempre”.
Paul Celan
