Groucho Marx. El crítico humorista

Surrealista, excesivo, mordaz… El padre del absurdo y uno de los mejores cómicos de todos los tiempos, fue un visionario que superó sus propios traumas, mientras atacó con humor, los convencionalismos sociales de su época.
Parece difícil imaginar que Groucho Marx fuera un gran tímido y que utilizase el humor para protegerse (como lo hacemos muchos) pero es así. Se sirvió de él para atacar y esconderse al mismo tiempo que lograba relativizar la dura sociedad en la que le tocó vivir, el New York del cambio de siglo.
La explicación de su aguzado ingenio, su respuesta rápida, su crítica corrosiva y su locuacidad fronteriza con la verborrea responde a un ejemplo de superación a través de una herramienta muy utilizada por la gente que a sufrido grandes traumas y que consigue recomponerse, muchas veces, gracias al humor.
En cierta ocasión dijo una de sus frases célebres: “Encuentro la televisión muy educativa, cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”.
Groucho se reveló también como un hombre dotado de gran inteligencia emocional. Es decir, sabía identificar a la perfección el estado emocional de quienes le rodeaban, y sabía hasta donde podía “tensar la cuerda” en las relaciones. Sabedor de sus limitaciones y de las ajenas, pudo enmascarar sus nervios, su inseguridad, su ansiedad, al tiempo que cautivaba a público, críticos y empresarios. Vivió en un estado de intelectual permanente, en un torrente de creatividad constante que le permitió canalizar su furia y sus miedos.
Groucho fue ante todo, un hombre comprometido, precursor de la ecología: “Soy de los que apagan la luz al salir de una habitación, y que cierran bien los grifos, para que no pierdan agua”.
Otras de sus frases célebres: “No tenéis de la menor idea de lo que ocurre en mi interior… Porque todo hombre es una isla dentro de sí mismo.” Se burlaba de una sociedad hipócrita en donde “la mentira se ha convertido en una de las más importantes industrias de Norteamérica”; arremetía contra el matrimonio (se casó varias veces): “La política no hace extraños compañeros de cama. El matrimonio sí”. Todo lo establecido sucumbía ante la mordacidad de un hombre que no consideraba nada intocable.
“Cuando tú sonríes, yo descubro que hay esperanza, hay esperanza para mí”
