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domingo, 14 de octubre de 2007

Doris Lessing, una escritora comprometida


Doris nace en Kermanshash, en la Persia colonial, el 22 de Octubre de 1919. El matrimonio de sus padres está compuesto por una enfermera vocacional y un mutilado de la I Guerra Mundial.

Su padre, excéptico respecto a su Inglaterra Natal, abandona el país, para después del nacimiento de Doris, afincarse en Rodesia del Sur (ahora Zimbabwe), donde compran una granja con un crédito que el Gobierno da para los mutilados de guerra. Allí, Doris fluctúa, entre el contacto con la naturaleza y una severa educación religiosa. Sólo es felíz cuando regres
a a la granja; entonces lee, pasea por la jungla, caza. Quiere ser un espíritu libre y escribe sus primeros cuentos.

Su único título es el carné de conducir cuando decide ir a la ciudad y trabajar como telefonista. Se matricula en una escuela nocturna para estudiar secretariado y mecanografía. Tiene 17 años, y para entonces, las relaciones entre blancos y negros son brutales. Doris toma contacto con grupos progresistas.

Son los tiempos de la II Guerra Mundial y es difícil vivir en Zimbabwe con el "apartheid". Sus vecinos la criticaron por no segregar a los negros.

Tras casarse y tener dos hijos, toma una decisión: "Abandoné a mis hijos porque no fui capaz de aguantar más esa vida". Deja a su familia, milita en el partido comunista,
y se dedica a la literatura. Se vuelve a casar, tiene un hijo pero el matrimonio fracasa, y Doris regresa a Inlgaterra y se convierte en figura de la izquierda política y cultural.

Hoy, celosa de su intimidad, vive con su gato en una casa desordenada con un bello jardín y muchos libros, y adora cocinar. La madurez, le ha traido calma. Tras 30 años de ser candidata al premio Nobel de literatura, este año por fin se lo han concedido, por su "capacidad para transmitir la épica de la experiencia femenina y narrar la división de la civilización con escepticismo, pasión y fuerza visionaria"


"La habitación número 19 estaba como siempre. Lo comprobó todo con una sola mirada, aguda y penetrante: El brillo barato de la colcha de satén, que había sido colocada de nuevo, después de que los dos cuerpos terminaran de convulsionarse bajo ella [...]. Susan fue a la ventana y se quedó allí en pie, mirando hacia abajo, viendo a la gente que pasaba, y pasaba, y pasaba [...] pero antes debía pensar en Matthew. ¿Debería escribir una carta dirigida al juez? Pero ¿qué le diría? [...] Le quedaban unas cuatro horas. Las pasó de la manera más deliciosa, oscura y dulce posible, dejándose deslizar suave, suavísimamente [...]. Luego, se levantó, se aseguró de que las ventanas estaban herméticamentes cerradas, puso dos chelines en el tragaperras de la estufa, y abrió el gas. [...] Se tendió boca arriba, sobre la colcha de satén verde, estaba muy satisfecha tendida allí, oyendo el leve siseo del gas que iba extendiéndose por la habitación, por sus pulmones, por su cerebro, mientras ella iba flotando a la deriva hacia el río oscuro."

La costumbre de amar
Doris Lessing





domingo, 7 de octubre de 2007

Modigliani, el pintor maldito



Nació en Livorno, en la costa toscana, en 1884 en el seno de una familia de comerciantes judíos venidos a menos, nunca se topó con impedimentos familiares para dedicarse a su gran pasión: primero, la escultura, después la pintura. La intelectualidad se respiraba en el hogar de los Modigliani. Eugenia Garsin, su madre, escribía cuentos y artículos literarios que compaginaba con su trabajo como profesora de lenguas, y su abuelo, introdujo al pequeño de sus cuatro nietos en la filosofía y la literatura. Nietzsche, Dante o Baudelaire fueron las lecturas del joven Amadeo, quien desde muy niño tuvo claro que quería ser artista.

A los once años padeció una grave pleuresía, tres años después sufrió una fiebre tifoidea y dos años más tarde los médicos le diagnosticaron tuberculosis: el mal que acabaría con él.

En su convalencencia, su madre lo paseó por Roma y Florencia, donde se embebió de los clásicos de la pintura italiana. También en aquella época comenzó a tomar clases de pintura. En 1906, con 22 años, Modigliani hizo las maletas rumbo a la Ciudad de la Luz. Por entonces, París hervía. Matisse y los fauvistas habían escandalizado a los críticos; Picasso comenzaba a pintar "Las señoritas de Avignon" la obra que inauguraría el cubismo; y la estela de Cézanne y Manet había abierto un camino imparable hacia las nuevas vanguardias. Modiglianni se instaló en el barrio de Montparnasse y también en Montmartre.

Su primera gran pasión fue la escultura, a la que se entregó a pesar de que el polvo no beneficiaba en nada a sus pulmones. Más tarde se entregaría de lleno a sus dos y únicos temas estrella: los retratos y los desnudos.

Modigliani fue un donjuán, pero sus affaires terminaron cuando una estudiante de dibujo de 19 años, 15 menos que él, apareció en su vida. Sólo estarían juntos dos años en los que el italiano la pintó casi a diario. Fue una época de una reproducción febril, pero sería su compañera quien escribiría el acto final de éste drama y la que convertiría a Modigliani, y su triste historia de amor, en todo un mito. Madre de una niña en común y embarazada de 9 meses, la joven Jeanne Hébuterne, de 21 años, se suicidó tirándose por el balcón horas después de la muerte de su amado. Finalizaba una historia de amor y comenzaba la leyenda.

Su obra ha alcanzado altas cotas en las subastas. Las últimas las logró en la casa Sotheby's de Nueva York, donde uno de los múltiples retratos que hizo a su amante Jeanne, se vendió por 31,4 millones de dólares.

Hoy, los cuadros de Modigliani, siguen produciendo una extraña sensación: entre la plenitud y el enigma. Quien los contempla, se asoma a los más profundo.

domingo, 30 de septiembre de 2007

La dignidad, y el plato de lentejas


Estaba el filósofo Diógenes
comiendo lentejas cuando le
vio el filósofo Aristipo, que
vivía confortablemente a base
de adular al rey.

Y le dijo Aristipo:
"Si aprendieras a ser sumiso
al rey, no tendrías que comer
esta basura de lentejas".

A lo que replicó Diógenes:
"Si hubieras aprendido
a comer lentejas, no tendrías
que adular al rey".


(El canto del pájaro", de Anthony de Mello)

Según el diccionario de María Moliner, dignidad significa: Cualidad de las personas que no toleran ofensas, desprecios, humillaciones o faltas de consideración.
Tratamiento que confiere respetabilidad. Honor, estima, decencia, decoro, honra, amor propio.

Despojar a una persona de su dignidad tiene un efecto devastador en el esepíritu humano.

Es un hecho que si queremos que los demás nos respeten y nos traten con dignidad, debemos demostrar que lo merecemos. Aunque debemos estar atentos para no confundir la dignidad personal con "la arrogancia".


domingo, 23 de septiembre de 2007

Impresión: sol naciente

(1872) Óleo sobre lienzo
48 x 63 cm Museo Marmottan, París.

Si quisiéramos definirles (a los artistas de la exposición de grupo de 1874) y describir su empeño con una sola palabra, habría que inventar el término "impresionistas". Son impresionistas en el sentido de que ellos no representan paisajes sino su impresión de los paisajes. (El crítico de arte Jules-Antoine Castagnary).

Los pintores impresionistas -y en especial Monet- nos han enseñado a mirar. En su época se los comparaba con los detectives. Andaban husmeando por las calles y descubrían espectáculos, colores, encuadres interesantes en cualquier esquina. Estaban allí, al alcance de todos, pero sólo ellos los veían. Ésto me recuerda la respuesta que Sherlock Holmes, dio a Watson, cuando éste le reprochó con envidia que fuera capaz de ver cosas invisibles: "Invisibles no, Watson, sino inobservadas. Usted no supo dónde mirar, y por eso se le pasó por alto todo lo importante. Si yo lo he descubierto es porque lo andaba buscando". He aquí una enseñanza utilísima. Hay una mirada inerte, pasiva y aburrida, que se deja llevar por la rutina, y pasea lánguidamente por las cosas como un caracol. Y hay miradas inventivas, descubridoras, iluminadoras. La actitud acaba creando el fenómeno.

Monet quiso buscar las variaciones que la luz provocaba en las cosas. Al final llegó a la conclusión de que el paisaje no existía, que cada cambio de color alumbraba un paisaje nuevo, y vivió maravillado por esa emergencia incesante de realidad. Por eso pintó una y otra vez, durante más de 30 años, el mismo paisaje: Los nenúfares de su jardín. Le parecieron continuamente bellos.

En la vida diaria, todos nos enfrentamos con la repetición, que es el pantano en que nos empatanamos. "Encuentra bello todo lo que puedas", decía el conmovedor Van Gogh. ¡Qué buen consejo! Para seguirlo deberíamos aprender de los impresionistas, su entusiasta manera de mirar el mundo. Su capacidad de encontrar interesante casi tódo lo que ven. Los creadores han sabido siempre renovar su mirada. Todos ellos son descubridores de lo hermoso escondido, de los sorprendente oculto por nuestro desánimo.

Descubrieron las huellas de la novedad y de la belleza en las cosas cotidianas, y deberíamos agradecérselo.

Por eso voy a mirar mi futuro atentamente, amorosamente, como si fuera a pintarlo.

domingo, 16 de septiembre de 2007

La belleza de lo efímero


Una palabra bella es el adjetivo efímero; es sonoro, sutil y también es hermoso su significado. Nos atrae su poder, su capacidad de transformación escondida, su misterio. Un suceso fugaz, un pestañeo del pensamiento, una vuelta de tuerca emocional pueden ser definitivos. Cierta mañana de verano, mi bebé me sonrió por primera vez y supe inequívocamente que sería imposible ser nunca más feliz que en aquel instante.

Ahora mismo evoco la fugacidad de un rayo de luna sobre el rostro de mi pareja en la alcoba, el olor de los jazmines de Granada, un roce delicado de una piel. También recuerdo aquellos tres minutos interminables cuando me tragaba el mar y no había arriba, ni abajo, sólo oscuridad, arena, golpes y miedo (tenía 5 años y fue en la Costa Brava). Si lo pequeño es infinitamente divisible, lo efímero puede ser infinitamente duradero. Un segundo puede permanecer para siempre en la memoria. En un instante se gana la gloria, en un segundo se pierde una vida, ¿hay algo más permanente?.

Está claro, lo efímero es fascinante. Algunos hombres regalan plantas en vez de flores porque duran más, pero a algunas mujeres nos gustan las flores porque duran menos. Lo duradero debe ser el optimismo, la esperanza, la curiosidad, el amor...

La fugacidad es una cualidad necesaria, sin la cual se desvirtuarían ciertas conductas, ¿Cuánto tiene que durar un abrazo? ¿A caso si es prolongado es más cariñoso? ¿O sólo es más asfixiante?. Las personas que tienen talento corporal saben decir mucho en un segundo de intensidad.

Efímera puede ser también la gloria por la que antiguos conquistadores lucharon con ávida ambición. Viene a mi memoria Alejando Magno, que se hizo con un gran imperio en plena juventud. Sin embargo, contrajo la malaria, de la cual, no se recuperó, y el 13 de Junio del 323 a.C. a la edad de 32 años y 8 meses, sucumbió al más implacable de los enemigos, la muerte.

Ciertos sabios indios dijeron de él: "Rey Alejandro, cada hombre es dueño tan sólo del suelo que pisa... después de haber conquistado la tierra de varios continentes, al morir ocuparás sólo la tierra que basta para que tu cuerpo reciba sepultura".

viernes, 7 de septiembre de 2007

La inteligencia femenina ¿de segunda clase?


Hace unos meses en el curso de una conferencia, el rector de la Universidad de Harvard, Lawrence H.Summers, pronunció que "las mujeres son menos capaces para las matemáticas y para las ciencias que los hombres".

Éste comentario levantó ampollas y algunas personas abandonaron la sala; más exactamente, algunas mujeres entre las que , por cierto, había profesoras de Harvard e investigadoras del Instituto de Tecnología de Massachessets.

Las protestas llovieron y Summers tuvo que matizar su comentario, aunque probablemente, a pesar de sus disculpas, en su interior el rector, siguiera pensando lo mismo; o sea, que las mujeres tienen inteligencia de segunda.

Se trate de matemáticas, de ciencias, o de letras, cabe preguntarse si la mujer es menos capaz que el hombre o simplemente interesa que lo sea. Y a lo mejor es que las mujeres listas no interesan. A la sociedad no le acaba de gustar las mujeres muy inteligentes, hacen competencia, asustan, molestan. Un poquito listas sí, con sus estudios, su carrerita, su trabajito, pero si empiezan a tener ambiciones profesionales elevadas, ya son un peligro.

Las chicas muy listas gustan en una reunión, son brillantes, admirables, pero es preferible buscar a otra para casarse. Mejor encontrar a una mujer que dé calor y no haga sombra, alguien que se parezca a mamá.

Es verdad que las cosas están cambiando, para bien, es cierto que los roles masculinos y femeninos son más cercanos entre sí, sin embargo, la inteligencia femenina sigue inquietando.

He querido rescatar de la historia el nombre de cinco mujeres como representación de todas las que han existido y quedaron en el anonimato:

Marie Curie: (Física. Polonia 1867-1934)
Mary Somerville: (Matemática. Escocia. 1780-1872)
Mary Leakey: (Antropóloga. Gran Bretaña 1913-1986)
Lise Meitner: (Física. Austria 1878-1968)
Sonia Kovalevskaya: (Matemática. Rusia 1850-1891)

-¿Qué hay detrás de un gran hombre?:
Una gran mujer.
Y ¿Qué hay detrás de una gran mujer?:
Un hombre asustado.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Manuel de Oliveira: "director-filósofo"


Los directores de cine, los artistas, no somos creadores, sino recreadores, porque tomamos de la vida las cosas que nos emocionan.

Para mí, hay cuatro figuras cumbre en el cine: Carl Theodor Dreyer, Orson Welles, John Ford y Charlie Chaplin. Lo que sucede es que me siento más cerca de Buñuel porque, como yo, es ibérico, menos frío; Buñuel mostrño como nadie el deseo, la perversión y la crueldad del hombre... Los instintos más bajos y los más elevados, pero no olvidaba la moral. Por eso sentía desprecio por la burguesía, porque es una clase que se saltaba la moral. Mostró la condición humana en todas sus caras de la forma más elegante, sutil e irónica que se pueda concebir.

Él consideraba que los instintos son perversos y que están impulsados, sobre todo, por la envidia. La envidia, junto con la venganza, es el peor y más bajo sentimiento del hombre. Y ¡el ansia de poder!

Un verdadero artista se deja llevar por lo que Spinoza escribió: "El impulso que viene de fuera te llevará a realizar lo que sientes". Para mí, el cine es sólo un vehículo para humanizar a los hombres, para recordarles lo que son y su condición.

Lo que sostengo es que la literatura y las bellas artes son las principales. Para mí, la literatura que ha sido una gran inspiración de mi cine, es el primer arte, el más especial, porque a través de ellas se puede hablar de todos los aspectos de la vida. Hay una historia muy fina e interesante sobre un profesor que va a ver a su alumno al colegio mayor porque se duerme en su clase. Al abrir la puerta, se encuentra todo su cuarto forrado de libros y le comenta: "Ahora sé por qué usted se duerme en mi clase". Y el alumno le responde: "Leyendo, jamás me encuentro sólo". Para mí, un libro es el mejor compañero. Yo siempre llevo uno en el bolsillo. La literatura es el primer arte; el teatro, el segundo y el cine, el tercero.