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domingo, 30 de septiembre de 2007

La dignidad, y el plato de lentejas


Estaba el filósofo Diógenes
comiendo lentejas cuando le
vio el filósofo Aristipo, que
vivía confortablemente a base
de adular al rey.

Y le dijo Aristipo:
"Si aprendieras a ser sumiso
al rey, no tendrías que comer
esta basura de lentejas".

A lo que replicó Diógenes:
"Si hubieras aprendido
a comer lentejas, no tendrías
que adular al rey".


(El canto del pájaro", de Anthony de Mello)

Según el diccionario de María Moliner, dignidad significa: Cualidad de las personas que no toleran ofensas, desprecios, humillaciones o faltas de consideración.
Tratamiento que confiere respetabilidad. Honor, estima, decencia, decoro, honra, amor propio.

Despojar a una persona de su dignidad tiene un efecto devastador en el esepíritu humano.

Es un hecho que si queremos que los demás nos respeten y nos traten con dignidad, debemos demostrar que lo merecemos. Aunque debemos estar atentos para no confundir la dignidad personal con "la arrogancia".


domingo, 23 de septiembre de 2007

Impresión: sol naciente

(1872) Óleo sobre lienzo
48 x 63 cm Museo Marmottan, París.

Si quisiéramos definirles (a los artistas de la exposición de grupo de 1874) y describir su empeño con una sola palabra, habría que inventar el término "impresionistas". Son impresionistas en el sentido de que ellos no representan paisajes sino su impresión de los paisajes. (El crítico de arte Jules-Antoine Castagnary).

Los pintores impresionistas -y en especial Monet- nos han enseñado a mirar. En su época se los comparaba con los detectives. Andaban husmeando por las calles y descubrían espectáculos, colores, encuadres interesantes en cualquier esquina. Estaban allí, al alcance de todos, pero sólo ellos los veían. Ésto me recuerda la respuesta que Sherlock Holmes, dio a Watson, cuando éste le reprochó con envidia que fuera capaz de ver cosas invisibles: "Invisibles no, Watson, sino inobservadas. Usted no supo dónde mirar, y por eso se le pasó por alto todo lo importante. Si yo lo he descubierto es porque lo andaba buscando". He aquí una enseñanza utilísima. Hay una mirada inerte, pasiva y aburrida, que se deja llevar por la rutina, y pasea lánguidamente por las cosas como un caracol. Y hay miradas inventivas, descubridoras, iluminadoras. La actitud acaba creando el fenómeno.

Monet quiso buscar las variaciones que la luz provocaba en las cosas. Al final llegó a la conclusión de que el paisaje no existía, que cada cambio de color alumbraba un paisaje nuevo, y vivió maravillado por esa emergencia incesante de realidad. Por eso pintó una y otra vez, durante más de 30 años, el mismo paisaje: Los nenúfares de su jardín. Le parecieron continuamente bellos.

En la vida diaria, todos nos enfrentamos con la repetición, que es el pantano en que nos empatanamos. "Encuentra bello todo lo que puedas", decía el conmovedor Van Gogh. ¡Qué buen consejo! Para seguirlo deberíamos aprender de los impresionistas, su entusiasta manera de mirar el mundo. Su capacidad de encontrar interesante casi tódo lo que ven. Los creadores han sabido siempre renovar su mirada. Todos ellos son descubridores de lo hermoso escondido, de los sorprendente oculto por nuestro desánimo.

Descubrieron las huellas de la novedad y de la belleza en las cosas cotidianas, y deberíamos agradecérselo.

Por eso voy a mirar mi futuro atentamente, amorosamente, como si fuera a pintarlo.

domingo, 16 de septiembre de 2007

La belleza de lo efímero


Una palabra bella es el adjetivo efímero; es sonoro, sutil y también es hermoso su significado. Nos atrae su poder, su capacidad de transformación escondida, su misterio. Un suceso fugaz, un pestañeo del pensamiento, una vuelta de tuerca emocional pueden ser definitivos. Cierta mañana de verano, mi bebé me sonrió por primera vez y supe inequívocamente que sería imposible ser nunca más feliz que en aquel instante.

Ahora mismo evoco la fugacidad de un rayo de luna sobre el rostro de mi pareja en la alcoba, el olor de los jazmines de Granada, un roce delicado de una piel. También recuerdo aquellos tres minutos interminables cuando me tragaba el mar y no había arriba, ni abajo, sólo oscuridad, arena, golpes y miedo (tenía 5 años y fue en la Costa Brava). Si lo pequeño es infinitamente divisible, lo efímero puede ser infinitamente duradero. Un segundo puede permanecer para siempre en la memoria. En un instante se gana la gloria, en un segundo se pierde una vida, ¿hay algo más permanente?.

Está claro, lo efímero es fascinante. Algunos hombres regalan plantas en vez de flores porque duran más, pero a algunas mujeres nos gustan las flores porque duran menos. Lo duradero debe ser el optimismo, la esperanza, la curiosidad, el amor...

La fugacidad es una cualidad necesaria, sin la cual se desvirtuarían ciertas conductas, ¿Cuánto tiene que durar un abrazo? ¿A caso si es prolongado es más cariñoso? ¿O sólo es más asfixiante?. Las personas que tienen talento corporal saben decir mucho en un segundo de intensidad.

Efímera puede ser también la gloria por la que antiguos conquistadores lucharon con ávida ambición. Viene a mi memoria Alejando Magno, que se hizo con un gran imperio en plena juventud. Sin embargo, contrajo la malaria, de la cual, no se recuperó, y el 13 de Junio del 323 a.C. a la edad de 32 años y 8 meses, sucumbió al más implacable de los enemigos, la muerte.

Ciertos sabios indios dijeron de él: "Rey Alejandro, cada hombre es dueño tan sólo del suelo que pisa... después de haber conquistado la tierra de varios continentes, al morir ocuparás sólo la tierra que basta para que tu cuerpo reciba sepultura".

viernes, 7 de septiembre de 2007

La inteligencia femenina ¿de segunda clase?


Hace unos meses en el curso de una conferencia, el rector de la Universidad de Harvard, Lawrence H.Summers, pronunció que "las mujeres son menos capaces para las matemáticas y para las ciencias que los hombres".

Éste comentario levantó ampollas y algunas personas abandonaron la sala; más exactamente, algunas mujeres entre las que , por cierto, había profesoras de Harvard e investigadoras del Instituto de Tecnología de Massachessets.

Las protestas llovieron y Summers tuvo que matizar su comentario, aunque probablemente, a pesar de sus disculpas, en su interior el rector, siguiera pensando lo mismo; o sea, que las mujeres tienen inteligencia de segunda.

Se trate de matemáticas, de ciencias, o de letras, cabe preguntarse si la mujer es menos capaz que el hombre o simplemente interesa que lo sea. Y a lo mejor es que las mujeres listas no interesan. A la sociedad no le acaba de gustar las mujeres muy inteligentes, hacen competencia, asustan, molestan. Un poquito listas sí, con sus estudios, su carrerita, su trabajito, pero si empiezan a tener ambiciones profesionales elevadas, ya son un peligro.

Las chicas muy listas gustan en una reunión, son brillantes, admirables, pero es preferible buscar a otra para casarse. Mejor encontrar a una mujer que dé calor y no haga sombra, alguien que se parezca a mamá.

Es verdad que las cosas están cambiando, para bien, es cierto que los roles masculinos y femeninos son más cercanos entre sí, sin embargo, la inteligencia femenina sigue inquietando.

He querido rescatar de la historia el nombre de cinco mujeres como representación de todas las que han existido y quedaron en el anonimato:

Marie Curie: (Física. Polonia 1867-1934)
Mary Somerville: (Matemática. Escocia. 1780-1872)
Mary Leakey: (Antropóloga. Gran Bretaña 1913-1986)
Lise Meitner: (Física. Austria 1878-1968)
Sonia Kovalevskaya: (Matemática. Rusia 1850-1891)

-¿Qué hay detrás de un gran hombre?:
Una gran mujer.
Y ¿Qué hay detrás de una gran mujer?:
Un hombre asustado.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Manuel de Oliveira: "director-filósofo"


Los directores de cine, los artistas, no somos creadores, sino recreadores, porque tomamos de la vida las cosas que nos emocionan.

Para mí, hay cuatro figuras cumbre en el cine: Carl Theodor Dreyer, Orson Welles, John Ford y Charlie Chaplin. Lo que sucede es que me siento más cerca de Buñuel porque, como yo, es ibérico, menos frío; Buñuel mostrño como nadie el deseo, la perversión y la crueldad del hombre... Los instintos más bajos y los más elevados, pero no olvidaba la moral. Por eso sentía desprecio por la burguesía, porque es una clase que se saltaba la moral. Mostró la condición humana en todas sus caras de la forma más elegante, sutil e irónica que se pueda concebir.

Él consideraba que los instintos son perversos y que están impulsados, sobre todo, por la envidia. La envidia, junto con la venganza, es el peor y más bajo sentimiento del hombre. Y ¡el ansia de poder!

Un verdadero artista se deja llevar por lo que Spinoza escribió: "El impulso que viene de fuera te llevará a realizar lo que sientes". Para mí, el cine es sólo un vehículo para humanizar a los hombres, para recordarles lo que son y su condición.

Lo que sostengo es que la literatura y las bellas artes son las principales. Para mí, la literatura que ha sido una gran inspiración de mi cine, es el primer arte, el más especial, porque a través de ellas se puede hablar de todos los aspectos de la vida. Hay una historia muy fina e interesante sobre un profesor que va a ver a su alumno al colegio mayor porque se duerme en su clase. Al abrir la puerta, se encuentra todo su cuarto forrado de libros y le comenta: "Ahora sé por qué usted se duerme en mi clase". Y el alumno le responde: "Leyendo, jamás me encuentro sólo". Para mí, un libro es el mejor compañero. Yo siempre llevo uno en el bolsillo. La literatura es el primer arte; el teatro, el segundo y el cine, el tercero.

domingo, 26 de agosto de 2007

Las dos vasijas



En una pequeña aldea de la India, vivía un aguador que tenía sólo dos grandes vasijas para alimentar a su mujer y a sus dos hijas. A diario, el hombre las colgaba en los extremos de un palo que llevava sobre los hombros. Iba el aguador con sus vasijas hasta el río, allí las llenaba de agua fresca para poderla vender en la aldea y así iba subsistiendo.

Una de sus tinajas tenía varias grietas por las que se escapaba el agua, de modo que al final del camino, sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era perfecta y mantenía intacto su contenido. Esto sucedía diariamente.

La vasija sin grietas estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía idónea para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de no poder cumplir correctamente su cometido, y cuando pensaba en la pobreza de la familia del aguador, aun se sentía más triste por no poder ayudarlo, a pesar de que en los últimos tiempos éste había mejorado algo sus ingresos, ya que recogía las flores del camino que después también vendía.

Así que al cabo de dos años le dijo al aguador: Estoy avergonzada, y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas, sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.

El aguador le contestó: Cuando regresemos a casa quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino. Así lo hizo la tinaja y, en efecto, vió muchisimas flores hermosas y de todos los colores a lo largo de la vereda, en su camino de vuelta a la aldea; pero siguió sintiéndose apenada, porque -como siempre- al final sólo guardaba dentro de sí la mitad del agua que el pobre aguador le había metido en el río.

El aguador dijo entonces: -¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino?. Quise sacar el lado positivo de tus grietas y sembré semillas de flores. Todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recogerlas y venderlas. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esa belleza.

Todos somo vasijas agrietadas por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

domingo, 19 de agosto de 2007

La vida y la literatura


Existen libros que sirven para informarnos sobre el mundo, nos proporcionan datos, conocimientos, fechas. Son lecturas necesarias, útiles que amplían nuestra sabiduría, que nos enriquecen, aumentando el conocimiento sobre distintas materias.

Pero hay otros que, en vez de hablarnos del universo, nos sumerge en él. Ésto es La Literatura; no hay ninguna necesidad de leerla, pero nos proporciona la condición, no sólo de conocedores sino, además, de experimentadores. Leer, es introducirse en el mundo y participar de las páginas que vamos descifrando. Es un acto voluntario que requiere del deseo inicial de vivir otra vida que no es la nuestra, de verse transportado donde la narración nos lleve.

Los clásicos son los perpetuamente postergados, los que, ilusoriamente, reservamos una y otra vez para "cuando tengamos tiempo". Fantaseamos con entregarnos a ellos durante imaginarias convalecencias, en las que no podremos hacer otra cosa que leer, por fin, esos libros, cuyo contacto deseamos y, a la vez rehuimos con aprensión y pereza. O los reservamos para unas utópicas vacaciones inexistentes. Esos momentos y esos lugares no existen. Y los clásicos, no esperan o, mejor dicho, esperan más allá de nuestras vidas. Entre otras cosas porque ellas sí siguen vivos: por eso son clásicos. Perduran porque saben cómo hablar a los hombres y a las mujeres de cada tiempo, porque tienen algo que decirnos y nos ayudan a que comprendamos qué vieron en ellos los que los leyeron antes que nosotros.

A la vez, leer es un acto de libertad. Ya que lo importante en la lectura es que no haya reglas, ni un orden establecido. Porque lo que verdaderamente merece la pena es que alguien se interese en un libro y, a partir de este interés, lo haga suyo.

Como escribió el poeta norteamericano Walt Wiltman: "La vida nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia".