viernes, 27 de junio de 2008

Hoy el mar, me habló de tí...




"Mi cuerpo se sentía a gusto sobre el calor de la arena. Tenía los ojos cerrados, los brazos abiertos, desdobladas las piernas a la brisa del mar. Y el mar allí enfrente, lejano, dejando apenas restos de espuma en mis pies al subir de su marea...
Era temprano. El mar corría y bajaba en olas. Se desprendía de su espuma y se iba, limpio, con su agua verde, en ondas calladas.(...)
Volví yo. Volvería siempre. El mar moja mis tobillos y se va; moja mis rodillas, mis muslos; rodea mi cintura con su brazo, suave da vuelta sobre mis senos; se abraza de mi cuello; aprieta mis hombros. Entonces me hundo en él, entera: Me entrego a él en su fuerte batir, en su suave poseer, sin dejar pedazo.
Me gusta bañarme en el mar (...)
Y el otro día estaba otra vez en el mar, purificándome. Entregándome a sus olas".

Pedro Páramo ( Juan Rulfo)

viernes, 20 de junio de 2008

Historia de unos zapatos

De niño pobre a maestro zapatero. Salvatore Ferragamo fundó la marca que calzó los pies más famosos del siglo XX con auténticas obras maestras "made in Italy". Hoy la empresa celebra su 80 aniversario en manos de la misma saga familiar.

Nacido en 1898, casi a la cola de los 14 hijos de unos pobres campesinos del sur de Italia, hizo su primer par de zapatos con nueva años. Los fabricó en una noche y en secreto. El niño estaba fascinado con el zapatero de Bonito, su pueblo napolitano, pero a su padre no le gustaba la idea de que quisiera aprender un oficio mal visto entonces. La oportunidad para demostrar que aquello de hacer zapatos no era tan indigno le llegó cuando sus padres descubrieron que no tenían dinero para comprar el calzado apropiado para la primera comunión de su hija pequeña, Giuseppina. Nadie podía prestarles los zapatitos blancos que la niña necesitaba, y sin ellos no podría entrar en la iglesia. Sin decir nada, Salvatore le pidió prestado el material al zapatero que tanto admiraba, Luigi Festa, y en una noche, a escondidas de todos, fabricó los zapatos blancos de Giuseppina. Fue la primera creación de un hombre que ideó sandalias de tiras invisibles, plataformas hechas de capas de corcho y cuñas forradas de pieles multicolores. Un hombre tosco que empujado por una determinación que ni él acababa de entender se embarca, con 16 años, rumbo a Estados Unidos.

En Hollywood Boulevard se situa la primera tienda y el nacimiento de la leyenda. Las divas del cine mudo acudían al joven italiano para hacerse los zapatos a medida. Ferragamo empezó a innovar con brocados, sedas, plimas y dorados para clientas como Gloria Swanson, Mary Pickford o Greta Garbo. Los grandes estudios le encargaban el calzado de películas como "El ladrón de Bagdad" o "Los diez mandamientos".

Pese al éxito, Ferragamo no estaba contento con su vida ni con su trabajo, buscaba la perfección, y para eso necesitaba volver a las raices de su oficio, a los artesanos que sólo en Italia darían respuesta a su ideal del calzado.

Allí conoce a Wanda, una joven de 18 años de su mismo pueblo. Le separaban 20 años, pero les unía la ambición de crear un negocio y una familia para sostenerlo. Ferragamo no encontró mejor manera de declararse a su futura mujer que diseñando para ella un par único: "de escamas de pez, ella los adora", explica una de sus hijas. Los hijos de Ferragamos recuerdan cómo el padre inspeccionaban cada cierto tiempo los pies. Siempre nos dijo que los cuidáramos, que nunca permitiéramos que el calzado les hiciera sufrir.

En su biografía (Zapatero de sueños) escribe: "Amo los pies. Me hablan. Cuando los tomo entre mis manos advierto su fuerza, su vitalidad o sus defectos. Un buen pie de músculos firmes y bello arco es una delicia al tocarse, una obra maestra de la artesanía divina."

Hoy muchos de estos prodigiosos zapatos se encuentran en el pequeño y precioso museo de Florencia.

viernes, 13 de junio de 2008

"No es perfecta, más se acerca a lo que yo...simplemente soñé" (Pablo Milanés)


Se conocieron en un tibio mes de primavera. Las golondrinas ya habían comenzado a invadir el cielo con sus vuelos precipitados.
Él adivinó en seguida algo que jamás había sentido, "la necesidad de Ella", de sentirla cerca, la necesidad de su boca, de su pelo, de su risa, en definitiva la necesidad de su presencia...Entendió entonces, sólo entonces, las palabras de una canción de Pablo Milanés:
"No es perfecta, más se acerca a lo que yo...simplemente soñé".
Ella sintió, después de haberlo conocido, que era innecesario que su corazón continuara latiendo si no iba a compartir el resto de su vida con Él.
Por fín había llegado a entender lo que significaba el amor de verdad, el Amor con mayúsculas...
Se sentía tan identificada con El, tenían tantas cosas en común, se sentía tan llena, que llegó a la conclusión de cuán cierta y real puede llegar a ser la teoría de que existe un alma gemela, la otra mitad de nuestro ser, que al hallarla comprobamos que encaja de una manera perfecta y exacta, para nuestra propia sorpresa. Entonces, sólo entonces, decidió decirle las palabras de un poema musicado de Pablo Milanés:

"Yo no te pido que me bajes una estrella azul, sólo te pido que mi espacio llenes con tu luz"
Aunque vivían separados por la distancia de unos 500 kms, se prometieron que cuando aparecieran las próximas golondrinas, del siguiente año, los sorprenderían compartiendo sus vidas, ya unidos, para siempre, y así poder continuar recibiendo el resto de las primaveras, la llegada de esas golondrinas, que cada año anidaban bajo el alero de su amor.

sábado, 7 de junio de 2008

Antonio López: "El secreto de un matrimonio feliz siempre es el amor. No veo qué otro motivo puede haber para estar juntos 46 años"


Me eduqué en la España de Franco, pero yo fui un niño feliz a pesar de todo, porque un niño en aquel mundo, en aquel momento, en aquellas calles sin coches, en aquel pueblo que tenía un tamaño muy adecuado, era un niño feliz.
Mi esposa, la también pintora María Moreno es una persona extraordinaria, muy inteligente, me quiere mucho, yo también a ell
a, y hemos caminado muy bien juntos. La conocí en la Escuela, como estudiante de Bellas Artes, y durante varios años no hubo relación. Fue sucesivamente compañera de curso, amiga, novia y esposa.
Al principio no la pretendí porque me parecía inalcanzable. Era una chica un poco mayor que yo, muy guapa. No se me pasaba por la cabeza que pudiera tener posibilidades de salir con ella.
Para el matrimonio, fue muy bueno el hecho de que los dos fuéramos pintores. Ella ha comprendido muy bien cosas que a lo mejor otra mujer que no conociera ese tipo de problema le hubiera costado entender. Ha sido una ventaja extraordinaria.
Yo admiro mucho a Mari y se lo digo con mucha frecuencia, incluso todos los días. Considero muy importante la conversación con ella en el momento del desayun
o diario. Es un momento bonito del día y seguramente lo necesitamos. Durante ese momento, que puede durar una hora, aparte de desayunar con tranquilidad, cambiamos impresiones, hablamos de muchas cosas que tienen que ver, sobre todo, con el arte. Sin esa conversación difícilmente podría comenzar bien el día.
Cuando me preguntan sobre cuál es el secreto de llevar fielmente casados 46 años, les digo:
Que ella me ha querido mucho a mí y que yo la he querido mucho a ella. Siempre es el amor; no veo qué otro motivo puede ser. Con el paso de los años, el amor se transforma. Físicamente, como es lógico, ha perdido presencia, pero se ha ahondado en otras cosas.
Con relación a mi nueva etapa de abuelo, tengo que decir, que viví con mucha emoción el nacimiento de mis nietos. Me parece una maravilla tenerlos cerca, aunque a veces te ocupan, te perturban, te complican. Pero la vida es así, la vida te da y te quita.