martes, 24 de julio de 2007

¡Hasta la vuelta!

lunes, 16 de julio de 2007

Machado, el poeta de soledades




Cien son los años que se cumplen de la llegada de Antonio Machado a Soria. Primavera de 1907. Cinco años de placidez provinciana en los que el poeta encontró su sereno y profundo estilo, sencillo, tan soriano, además de aprender a glosar paisajes tanto interiores como exteriores y enamorarse de una casi niña llamada Leonor a la que cantó.

He aquí algunas de las opiniones de sus múltiples devotos y entregados admiradores, Rubén Darío describía al poeta en su "Oración por Antonio Machado": "Su mirada era tan profunda que apenas se podía ver. Cuando hablaba tenía un dejo de timidez y de altivez. Y la luz de sus pensamientos casi siempre se veía arder. Era luminoso y profundo como era hombre de buena fe".

Unamuno decía del poeta: "Vengo de saludar al hombre más descuidado de cuerpo y más limpio de alma de cuantos conozco". Pio Baroja nos recuerda en "Aquí París", su colección de crónicas y ensayos: "Antonio Machado era un hombre bondadoso, persona de sentimientos nobles y capaz de sostener una actitud difícil. El otro hermano, Manuel, era un señorito de poco fiar.

Su ahijada, Leonor Machado, dice de él: "El autorretrato es mi poema favorito:

"Y cuando llegue el día
del último viaje,
y esté al partir la nave
que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo
ligero de equipaje,
casi desnudo,
como los hijos de la mar".

Es tremendo pero es que el final de su vida fue así. Se adelantó a su propio final. Leerlo es una experiencia vital que nadie puede perderse".

¿Cómo trabajaba Machado? Se le preguntó a Ian Gibson (uno de sus biógrafos): "Hay 11 borradores de un poema, y éste, a fuerza de trabajo sobre el papel, va emergiendo como una mariposa lo hace de la crisálida. Las tachaduras, los distintos inicios, la reflexión sobre lo que ha hecho. Es un proceso muy complicado y difícil. Te das cuenta de que se trata de un proceso parecida al del buscador de oro a orillas del río. No hay inspiración. En el caso de Machado le costaba muchísimo trabajo".

Ouka Leele, la artista, dice de él: "Uno al leerle, tiene la sensación de estar disfrutando, con cada poema, de una pintura hecha de letras".

Carmen Posadas la escritora: "Su capacidad de expresar con la palabra justa aquello que se quiere decir, resulta esclarecedora. Poeta de la exactitud, de la palabra perfecta".


domingo, 8 de julio de 2007

Teoría y alucinación de Dublín


Cualquier excusa es válida para hablar de un poeta y de su poesía. En este caso fue un amigo quien me lo pidió, y yo encantada paso a satisfacer su deseo.


En esta ocasión es sobre el gran poeta José Hierro (1922-2002):


La poesía es como el viento,

o como el fuego, o como el mar.

Hace vibrar árboles, ropas,

abrasas espígas, hojas secas,

acuna en su oleaje los objetos

que duermen en la playa.

La poesía es como el viento,

o como el fuego, o como el mar:

da apariencia de vida

a lo inmóvil, a lo paralizado.

Y el leño que arde,

las conchas que las olas traen o llevan,

el papel que arrebata el viento,

destellan una vida momentánea

entre dos inmovilidades.


Me acuerdo de los árboles de Dublín...

Alguien los vive y los recuerdo yo.

De los árboles caen hojas doradas

sobre el asfalto de Madrid.

Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros,

acarician mis manos,

quisieran exprimirme el corazón.

No sé si lo consiguen...

Imaginar y recordar...

Hay un momento que no es mío,

no sé si en el pasado, en el futuro,

si en lo imposible... Y lo acaricio, lo hago

presente, ardiente, con la poesía.


No sñe si lo recuerdo o lo imagino.

Me asombro a la ventana.

Fuera no es Dublín lo que veo,

sino Madrid. Y, dentro, un hombre

sin nostalgia, sin vino, sin acción,

golpeando la puerta.


Es un espectro

que persigue a otro espectro del pasado:

el espectro del viento, de la mar,

del fuego -ya sabéis de qué hablo-, espectro

que puede hacer que cante, hacer que vibre

su corazón, para sentirse vivo.


(Cuando el poeta escribió este poema, no conocía la capital irlandesa. Hay que pensar, pues, que el nombre de esta ciudad cumple aquí funciones exclusivamente simbólicas.)


José Hierro pertenece a la primera generación de la postguerra. Su poesía es poderosamente evocativa y ahonda en una intimidad erosionada por un tiempo implacable. Se percibe la influencia de Gerardo Diego. Se inició con una temática reivindicativa testimonial, la memoria de un niño de la guerra, si bien no es un poeta social al uso; poco a poco fue haciéndose más colectiva y existencial. Poseía la curiosa superstición de no poder escribir nunca en su propia casa; era normal verlo en la cafetería de Avenida Ciudad de Barcelona, en Madrid; en ella y en otros cafés escribió toda su obra.



lunes, 2 de julio de 2007

Cartas a Vincent


. En dos ocasiones han escrito sobre mis cuadros, una de ellas en un periódico parisiense y la otra en Bruselas, donde yo había expuesto y ahora recientemente en un periodico de mi pais Holanda lo que ha hecho que mucha gente haya ido a ver mis cuadros y esto no ha terminado, y es verdad, por otra parte desde que he dejado de beber he trabajado mejor que antes y eso que salgo ganando.

Pero pienso a menudo en todos vosotros, en la vida, las cosas no simpre pueden ser como queremos, y cuando más ligados nos sentimos a un lugar tenemos que partir, pero los recuerdos quedan y uno se acuerda -oscuramente como en un espejo- los amigos ausentes.

Os mando otra vez mi dirección:

Vincent Van Gogh
Chez Ravoux, Place de la Mairie
Auvers -sur- Oise
12 Junio 1890
(Carta de Vincent a sus amigos los Ginoux)



. Hace dos días estuve visitando los últimos paisajes de Van Gogh en el mueo Thyssen-Bornemisza y pude leer el fragmento de esta carta que encabeza este post. Al leer su dirección, se me ocurrió esta pregunta: ¿A quién no le gustaría poder escribir una carta a Vincent? Y aunque es todo figurado, ¿qué le diríais en vuestra carta?, ahí va la mía:



Querido Vincent:

. Gracias por dejarnos un legado tan rico en sentimiento y color. Tus pinceladas siémpre serán únicas, arrebatas, llenas de tonalidades locas y a la vez de plena armonía. Tan llenas de luminosidad, de alegría, como si los colores del amanecer hubieran sido creados para tus lienzos, para tus pinceladas, para tu obra.

Tus girasoles, tus lírios, tus ramas de almendro, tus retratos, tus últimos paisajes. ¡Cuánta belleza contenida!. Surgida a borbotones de tu pincel, de tu mente, de tu mundo. Un mundo único, mágico, atormentado. Un mundo rico, vestido de colores, al que era muy dificil acceder y que sólo tenía una salida, una escapatoria: huir de ti mismo, huir de tu sufrimiento, de tu sinrazón. De nada sirvió dedicarte a pintar sin descanso, sin tregua, con la vehemencia de los pintores locos, con la pasión que sólo tú, Vincent, eras capaz de regalar en cada pincelada, en cada movimiento de tu mano, de tus ojos ante esa visión que se habría para tí con el paso apresurado hacia el infinito.

Inutil fue tu ingreso en el hospital, tus estériles intentos de lucha contra la esquizofrenia, enfermedad cruel que mutila el pensamiento. La soledad, y la tristeza pudieron contigo, hasta el punto de dejar de tener sentido para ti, la pintura. Te perdimos demasiado pronto, siémpre es demasiado pronto para perder a un genio.

Nunca dejaré de visitarte. Sibyla.